La sombra de una es la luz de la otra, dos presentes separados por muchos años, dos realidades nada fáciles y nada iguales.
El camino que le queda a la niña por recorrer nada tendrá que ver con el que ya recorrió la señora. Nada sabemos de su pasado, quizá hubo épocas de más luz, quizá siempre fue negro como su presente; contando las pocas monedas que ha sacado en el rastro de vender trapos. Una cara blanca y arrugada, unos ojos que apenas abría, no se si por la luz que había en la calle o por la luz que faltaba dentro. Un abrigo negro, viejo y apagado para cubrir unos huesos que vete tú a saber por dónde andaron a la edad de la niña.
Una niña negra en un mundo de blancos, aunque estos estén viejos y arrugados. Una niña, como todos los niños, con mirada curiosa y sin memoria, sin pretensiones ni futuro. Un traje de colores para unos huesos sin pasado, un mundo entero para caminar y un brazo negro que se ofrece para darle luz, para aydarla a sobrevivir en un mundo oscuro y arrugado.
Un texto en blanco y negro para unas vidas llenas de sombras y luces.
