Creo que todo suma, todo ocurre por un por qué, lo bueno, lo malo, lo indiferente. Quizá todo sean piezas de un gran puzzle que nunca llegamos a terminar, pues es él quien termina con nosotros, siempre gana la muerte… ¿o detrás de ella siempre se vuelve a vengar la vida?
Sea como fuere, callado se está cuando se besa, cuando se hace el amor de verdad y cuando se piensa; sea como fuere, si la palabra es el alimento de la boca en vez de serlo de la mente, probablemente sean palabras vacías, como los platos de los ignorantes, los ruidosos.
Se dice, habitualmente, que se mira al infinito cuando uno está abstraido en sus pensamientos, absorto en sus sensaciones o divagaciones internas; los ojos, durante esos momentos, no enfocan sobre ningún punto, es su modo de silenciarse, de no hacer ruido. No molestan al cerebro proyectando sobre el los ruidos del mundo, desconectan, se retraen y todo se concentra en un punto indeterminado de tus pensamientos, en un sin fin de corrientes, en el infinito. Entonces surge la duda, ¿está dentro o fuera la realidad?, qué tiene más valor, más credibilidad, lo que tus ojos proyectan sobre el cerebro o lo que este proyecta sobre los ojos. ¿Dónde encaja cada uno, de cual me fío?
Y si no te puedes fiar de ninguno de ellos ¿cómo se continúa?


